miércoles, octubre 14, 2009

VIII. Algo sobre nosotros

Subí las escaleras de la casa escalón por escalón, no se podía llegar muy lejos. La madera rechinaba suavemente en el octavo escalón y me detuve para comprobarlo, volví a pisarlo. No le tomé importancia, aunque sí me era molesto. Mientras los árboles danzaban en el exterior ofreciéndome un espectáculo asombroso, sus ramas tupidas de hojas se erguían y volvían a su lugar original. El aire que tropezaba con ellas creaba sonidos divertidos, como murmullos. Era probable que hablara, pero yo era demasiado “normal” para saberlo. Creer es sólo un acto de fe.

Al llegar arriba toqué la puerta de la habitación de mi padre Edward, con dos golpes no muy fuertes causados por los nudos de mis manos. Mi fuerza era inquebrantable, parecieron portazos los pequeños toquidos pero ninguno me dijo nada, sabían que no podía controlarlo a mi corta edad.

—Adelante, pasa— dijo mi padre al abrir la puerta— ¿Y Jacob, dónde le dejaste? —preguntó en tono irónico, yo hice los ojos en blanco.
—De hecho él fue quien me dejó. Al parecer tuvo algo importante con su manada, espero ningún problema…—solté un suspiro— ¿Y qué es lo que hacen ustedes? — dije al notar que tenían varios álbumes por todos lados. Regaban recuerdos. Florecían memorias.
—Viendo algunas fotografías tuyas. Aún conservas la misma mirada, los ojos chocolate de tu madre y la  sonrisa del color de la luna. Pero las mejillas rosadas, eso sólo tú lo posees.
—¡Quiero verlas, papá! —dije emocionada ante la expectativa, hacía ya bastante desde que vi una fotografía mía, la única que tenía memorizada era la que estaba enmarcada en el estudio de mi padre.
A veces pasas tanto tiempo viendo a los demás que dejas de mirarte a ti misma.
En dicha fotografía tenía 4 años, pero como era de esperarse aparentaba unos 10 años. Llevaba un vestido floreado, y unas sandalias rosadas. Y algo inocuo, una sonrisa bien puesta.

Mi padre me dio unos cuantos retratos y comencé a mirar sus detalles. En la mayoría estaba sola, desde entonces lo estaba. La pregunta era necia, pero me atormentaba diciéndome: “¿adónde perteneces? ¿A qué o a quién? ¿Buscas algo, o algo ha de encontrarte a ti?” Era cosa de esperar, esperar algo de lo que no tenía la mínima idea… Irónico, ¿no?

En la familia solían tomarme demasiadas fotos por el hecho de crecer sin control, no deseaban perderse ni un solo momento de mí, ni mientras dormía. De eso se encargaba mi tía Alice, realmente era buena fotógrafa, además que su cámara no era cualquiera, una análoga para acabar. (La gente mayor es tan difícil e inoportuna.)

Me causaba sonreír el volver a vivir mi infancia con sólo mirarlas, me veía reflejada y era como si pudiese traspasar el papel fotográfico, ser el ahora de la imagen y no el antes. La maravilla que hace una foto es única, pocas cosas pueden capturar el instante preciso.

Mis padres bajaron a la sala y me dejaron con todo ahí. Continué viendo las fotos. Observé con atención, había una serie de fotografías donde me  veía muy graciosa por las muecas extrañas que hice, seguramente aquellas me las tomaría mi tío Emmett por lo desenfocadas que se encontraban, y por lo cerca que estaban de mi cara, pero la señal infalible era que solía hacerle caras sólo a él; en otra estaba en un día de pesca con mi abuelo, al parecer nos divertíamos, incluso llevábamos puesto los dos un sombrero de pesca, yo esculcaba la bolsa de carnadas e increíblemente sostenía  un gusano con los dedos, mi expresión denotaba curiosidad, mientras mi abuelo me miraba con gesto extrañado; incluso hubo una donde estaba llena de pastel en la cara, posiblemente un primer cumpleaños, el pastel embarrado en mi cara era más que el que había en la base de éste.
 De pronto encontré una que no pude dejar de mirar. En ella, estaba Jake mirándome y yo abrazándolo con tanta dulzura. Evidentemente me superaba en tamaño, yo recargaba mi cabeza en su hombro y le tomaba por el cuello, pero mis brazos apenas si lo atrapaban. En uno de ellos yo tenía puesta la pulsera trenzada que me había obsequiado en mi primera navidad, la misma que aún se cerraba en mi muñeca. La remembranza entró como un fotón para tocarme justo en el lado izquierdo del pecho.
Estaba enterada de que era una representación de un anillo de compromiso Quileute, pero eso no significaba que yo fuera su prometida, mucho menos que él me amara a mí. No de la forma en que yo hubiese buscado. Él me amaba de otra manera, como una hermana pequeña, por tanto debía inhibir mis emociones.
Días atrás había dicho que amaba a alguien, justo el mismo día que descubrí que yo le amaba a él. La vida está llena de contrariedades. Me invadía la duda, no era oportuno hacerle saber a Jake mi absurdo sentimiento. Le provocaría un dolor de cabeza más, ya era tanto con que me cuidara. Su cordialidad bastaba. Su sonrisa tranquilizaba. Y me negaba a perder eso.

Tomé la foto y la guardé en la bolsa de mi sudadera azul y las demás las acomodé de nuevo en el librero, justo en el lugar vacío que quedaba.
Me apresuré a bajar las escaleras e ir a saludar a mis tíos, podía escucharles desde la habitación de arriba.
—¡Nessie! ¿Dónde has estado?
—Viendo algunas fotos para recordar lo inolvidable.
Mi padre me dedicó una sonrisa, él podía leer mis pensamientos, sabía a qué me refería con lo inolvidable.
—¿Por qué no las traes? Disfrutemos un rato viéndote hace unos ayeres, ojalá no hubieses crecido tan deprisa. Igual sigues teniendo alma de niña—me dijo Esme con ojos de ternura, yo le sonreí amablemente.
—Enseguida—puntualicé.
Ella en parte tenía razón, la niña que era seguía allí, pero sufría de incontables formas, me sobrevivía.
Tiempo atrás mis preocupaciones no eran ni siquiera mayores a mi tamaño, nunca le temí a los monstruos de armario, le temía más a mi inseguridad, pero la realidad suele ser mucho más dura que eso. Antes me importaba sólo jugar con mi lobito de pelaje rojizo y rodar por el suelo o caminar descalza por la arena mojada, y hacer castillos de arena para la realeza. El tipo de cosas que te importan un bledo cuando creces.

Cuando volví con los álbumes comenzaron todos a ver las fotos, a reírse mientras contaban anécdotas sobre cada una. Sus expresiones eran de asombro. Ellos no solían olvidar con facilidad.
Luego sólo desee que Jake estuviera a mi lado, recargué mi cabeza en mis manos y Rosalie notó que me encontraba fuera de lugar, mantuvo fija la vista en mí hasta que sentí su mirada, se levantó del sofá  y me jaló del brazo hacia el comedor.
—Algo te sucede— dijo asegurándolo mientras ponía a calentar agua para prepararme té, supuse, ya que nadie excepto yo podía comer.
—Sueño— dije desganada.
—¿Sueño? ¿Qué tipo exactamente? ¿Quién es con quien sueñas de forma impaciente? —apoyó una mano sobre su cintura y se quedó viéndome expectante.
—Da igual ahora mismo con quién es con quien sueño, basta decir que es el tipo de sueño del que no quisieras despertar. Se siente la certeza de que si despiertas, se va a evaporar y ni siquiera le verás irse. A eso le temo—respondí tapándome los ojos con las manos.
—¿Quieres un consejo?— me retiró las manos de la cara— ¡Despierta para hacerlo real! —dijo tomándome por los hombros y dándome una pequeña sacudida.
Sirvió el té en una taza de cerámica, me la dio y lo caliente de la taza me reloajó. Luego evité a mi tía diciéndole que me sentía mareada, que deseaba caer a los brazos de Morfeo para soñar que el sueño es realidad. Me fui a la habitación de mi padre, se adaptó allí una cama individual para mi uso. Y pensé.
Solía soñar despierta y por ello se presentaba mi insomnio a menudo. Un sueño que más que eso era ilusión, lo menos cercano a la realidad, y vaya que mi vida real para cualquier otro sería mera fantasía.
Transcurría el tiempo lento, el reloj de arena que lo simulaba iba tirando de a grano de arena. Tal como mi reloj interno que también contaba pero sólo todo cuanto vivía y que se vaciaba de mí a cada rato…


Abrí poco a poco mis ojos, después me paré del sillón en el que estaba, la espalda me dolía un poco, pudiese ser por la mala posición en que dormí. No vi a nadie alrededor pero ya no era extraña esa escena. Me dirigí a al ventanal. Una silueta se dibujaba desde el exterior del mismo, pero mi vista no lo distinguía a causa de las cortinas un tanto opacas que colgaban. Luego esa silueta se acercó y entró. 
—Te has cansado demasiado de un tiempo para acá. ¿Te has sentido bien?
—Lo sé, pero no entiendo qué lo provoque. No te preocupes, es normal… ¿Tú qué haces aquí?
—También me alegro de verte.
—Lo siento. Sí me alegro pero creía que estabas ocupado—musité.
—Bueno, se arregló todo. Nada de qué preocuparse, Leah había desaparecido por un largo tiempo pero resultó que estaba con alguien. Al parecer ha encontrado a su indicado, al menos cuando la escucho suena muy feliz. La razón es algo que no nos incumbe ni a la manada ni a mí.
Lo de Leah me alegraba también a mí, pensaba en la posibilidad de verla el fin de semana para acercarme a ella, conversar y tal vez de esa forma llegar a establecer una amistad.
Él siguió hablando.
—Respecto a lo de qué hago aquí, tú eres la razón. Tu familia fue a cazar y al parecer ahora yo soy tu… niñero o como quieras llamarle. Edward me pidió que te cuidara.
—¿Niñero, eh? —me reí— No tienes que cuidarme. Sé hacerlo bien sola.
—Hablo enserio, así que nada de travesuras, ni desveladas, ni saltes en la cama, ni explotes la cocina o no sé qué más se te pudiese ocurrir— dijo con el dedo índice señalándome y arrugando la frente.
—Claro, lo que digas—. Dije en tono de burla— Aunque creo que pudieron escogerme a alguien más responsable.
—Soy responsable, y soy mayor que tú, no lo olvides.
—Eso no se olvida con facilidad. No cuando te veo cada día envejecer.
—No, tampoco soy un vejestorio. Te castigaré por ello—dijo en tono sarcástico.
—Lo dudo, Jake.
—¡Diablos! Tienes razón.
Le di un golpe con uno de los cojines del sofá y él lo tomó para devolverle el golpe pero ni siquiera me atinó. Pasó por mi lado derecho y muy lejos.
—Si eso no es signo de vejez entonces  no sé qué es.
—Signo de que preferí no golpearte como tú. Bueno, ¿quieres acompañarme a La Push, o no?
—Me agrada, vamos.
Salimos al instante y él como de costumbre me tomó de la mano. Mi corazón comenzó a acelerarse.
—¿Crees que tarden mucho en volver?
—Es lo más posible. Tardan horas y horas, a veces se quedan jugando baseball, claro, sólo si cae una tormenta que pueda ocultarlo.
—Lo dices como si te aburriera… Estaba pensando en pasar todo el día en la playa, pero puede que regresen y se molesten al no verte—dijo al besar mi mano casi apenas tocándola con sus labios.
—Oh vamos, mis padres no dirán nada.
—Recuerda que estás a mi cargo Nessie, ya sabes cómo es tu madre.
—Sólo disfrutemos el día, Jake.
—Pero si me reclama Bella, pesará sobre tu conciencia— se rió.


 Corrí a penas al llegar a la playa y sentir su helada brisa tocar mi piel, me quité los tenis de lona y quedé descalza, seguí corriendo hasta chocar con tan azules olas.
—Nessie, espérame.
—Ven—entrelacé nuestras manos y lo jalé con fuerza, pero no era suficiente. ¿Cómo podría mover a una estatua? Él notó que forcejeé un poco y siguió mi paso entonces. Corrimos juntos esta vez mientras nuestros pies tocaron la arena, era un poco cálida. Se escuchaba el sonido de las olas del mar, se embestían con tanta furia causando sólo espuma blanquizca pero la música que producían era tranquilizante.
Él se quitó la camiseta que llevaba puesta y se incorporó en el agua. Yo llevaba un pantalón y camisa por lo que me metí con todo puesto ya que no tenía alternativa, aunque resultaba ser un estorbo.
Nadamos un poco. Cuando me cansé me recosté fuera del agua. Jacob hizo lo mismo. Le abracé para sentirle más cerca. Contemplé la belleza de aquel día y admiré tal majestuosidad.
Jake suspiró profundamente como si se le fuese la vida en ello y volteé para mirar su expresión.
—Extrañaba días como éste.
—¿Cómo éste? —preguntó confuso.
—Días en que no me importa nada, me limito a contemplar lo bello de cuantas cosas me rodean, las observo a detalle y escucho su música interna—soné ingenua, pero era cierto.
—Nessie…
—Dime.
—Hay algo que quiero confesarte.
En el momento en que escuché esa última palabra, me estremecí.

2 comentarios:

  1. :O adoro tu blog!
    no dejees dee escribiir
    es preciosoo!
    Qiiero sabeer yaa lo q lee vaa a deciiR jake!
    escribe pronto plis! besos!

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  2. puedes volver a subirr!!
    porfaa!!
    eske ya no tengo nada ke leer
    XD

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